miércoles, 12 de octubre de 2016

LA GRAN REVOLUCIÓN DE JESÚS

LA GRAN REVOLUCIÓN DE JESÚS.

“La gran revolución religiosa llevada a cabo por Jesús consiste en haber abierto a los hombres otra vía de acceso a Dios distinta de lo sagrado, la vía profana de la relación con el prójimo, la relación ética vivida como servicio al prójimo y llevada hasta el sacrificio de uno mismo. Se convirtió en Salvador universal por haber abierto esta vía accesible a todo hombre” (J. Moingt, El hombre que venía de Dios II). Este mensaje sustancial del cristianismo queda bien explicado en la revolucionaria parábola recogida por Mateo (Mt 25,31-46).

El juicio sobre las naciones
31 “Cuando venga el Hijo del hombre rodeado de esplendor y de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. 32 Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros como el pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. 34 Y dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid vosotros, los que mi Padre ha bendecido: recibid el reino que se os ha preparado desde la creación del mundo. 35 Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recibisteis, 36 anduve sin ropa y me vestisteis, caí enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a verme.’ 37 Entonces los justos preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿O cuándo te vimos forastero y te recibimos, o falto de ropa y te vestimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’ 40 El Rey les contestará: ‘Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicisteis.’
41 “Luego dirá el Rey a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos: id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, 43 fui forastero y no me recibisteis, anduve sin ropa y no me vestisteis, caí enfermo y estuve en la cárcel, y no me visitasteis.’ 44 Entonces ellos preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o falto de ropa, o enfermo o en la cárcel, y no te ayudamos?’ 45 El Rey les contestará: ‘Os aseguro que todo lo que no hicisteis por una de estas personas más humildes, tampoco por mí lo hicisteis.’ 46 Estos irán al castigo eterno, y los justos, a la vida eterna.”

Son declarados “bendito del Padre” los que han hecho el bien a los necesitados: hambrientos, extranjeros, desnudos, encarcelados, enfermos; no han actuado así por “motivos religiosos”, sino por compasión y solidaridad con los que sufren. Los otros son declarados “malditos”, no por su incredulidad o falta de religión, sino por su falta de corazón y de responsabilidad ante el sufrimiento del otro.
Se cambian así de manera irreversible “los ejes de la religión”. El camino que conduce a Dios y lleva a la salvación no pasa necesariamente por el templo y la religión. Lo indispensable y decisivo es el amor al pobre y necesitado. “El camino que conduce hacia Dios no es ya el que va de la tierra al cielo pasando por el templo, sino el camino que Jesús ha tomado para llegar a los vencidos de la historia”. Esta es la Buena Noticia que el cristianismo  ha de anunciar en estos momentos de crisis religiosa: : “La cuestión de la salvación no consiste ya en buscar un Salvador y reconocerlo como tal, sino en preocuparnos de aquellos que padecen necesidad y reconocerlos como alguien que tiene derechos sobre nosotros”.

José Antonio Pagola, Anunciar hoy a Dios como buena noticia (Pag 52,53)

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